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martes, 14 de junio de 2016

JÓVENES VIEJOS

 “Hay jóvenes viejos, y viejos jóvenes,
y en éstos últimos me ubico yo”
Salvador Allende.


Como las moscas
vas perdido entre vaivenes cortos,
ahogado entre largas sudoraciones
tratando de alcanzar
la estanqueidad que te cobije,
nada importa salvo permanecer
ajeno al exilio.

Confías inconsciente
en que el ritmo frenético de la rutina
te permitirá seguir indiferente,
autómata e insensible,
para tenderte al anochecer
en la amplitud solitaria del sofá,
para abrir las hojas y proyectarte
en este vagar de literarios,
en este habitar de los abstractos
donde toda realidad se edulcora
para generar en ti, obnubilado
por lo estético, apenas una correcta empatía.

Mientras los días de la crisis pasan,
se agotan en las terrazas los cubatas,
un cigarro prosigue al otro, y al otro,
y ya van ocho años de paro,
ocho años de asistir al despegue incesante
de los aviones comerciales, féretros alados del expolio,
en los que marcha, malvendida, la juventud de España;
aumento de las exportaciones que terminará
por hacer de la nuestra, la generación purgada.

Ciento cuarenta caracteres bastan
para dejar tu conciencia en calma,
para confundir la intelectualidad ascética,
con la inacción propia de la comodidad burguesa.

Tú, que ya para tu pueblo nada sueñas,
que te has convertido en un joven viejo,
un hombre de tu tiempo…





sábado, 28 de marzo de 2015

El inercial desastre

Anunciada a gritos, silenciada
por el verdoso plenilunio,
la marea de las contaminadas
aguas gangrenó la putrefacta
herida, de un pueblo esquizofrénico,
que se busca, pero no se halla.

                                   Y ahora,
yace sumergida la neoatlántida
en el abismo de un océano vacío:
sal que desinfecta indoctas bocas,
puños que entre olas emergen y se hielan,
sus dueños se han ahogado entre la masa,
¡como humanos, como ratas!

                            Tan solo la noche,
le resta a esta civilización marchita,
tan solo el inercial desastre,
del que nazca el niño olvidado,
tan solo la agónica rebeldía,
cuando no haya figura antropomorfa
que de mí merezca la esperanza.