miércoles, 23 de marzo de 2016

ÁMBAR

Derramar el ámbar por la garganta, 
mezclarnos con la espuma, confundirla
 con el mar;
el marfil semioculto, pícaro escondite
la boca;
catalizando las palabras, renegar
de los días por habitar los anhelados.

Reír, perdernos en el uso de la lógica,
buscar el fundamento que nos haga saber
dialécticos;
nuevos espacios, condiciones necesarias,
edad, distancia;
huir de los profetas de lo empírico,
tu y yo, ajenos a la circunstancia.

Besarnos, cometer un acto de herejía,
llamarte amiga;
mirarnos, retarnos, restablecer los paradigmas,
el amor romántico.





EL PRÉSTAMO

Esa incierta tarde en que te vayas,
quiero pensar que no somos nosotros,
sino la vida quien nos posee,
que es tan solo un préstamo,
que a la muerte vamos a devolver.

En este mundo de espacios
infinitos, pero recursos
definidos, quiero pensar
que con tu marcha me cedes
la plaza que antaño a otro quitaras.

Quiero, pero no puede el argumento,
el racional pretexto, acallar
la sublevación de mi alma;
nada podrá paliar la agonía
de saber que voy a echarte en falta. 


  Puerto de Cádiz, fotografiado tras las ventanas del ferry
un día de levante


domingo, 17 de enero de 2016

LLUEVE EN CARTAGENA DE INDIAS


Cada tarde sobre las cuatro
un trueno anuncia, como
campanas de una iglesia
que llamaran a oración,
el diluvio tropical sobre
la ciudad vieja de Cartagena.

La húmeda y cálida atmósfera
se satura, empañando del
líquido transparente las coloridas
casas, encharcando las calles
empedradas como si el Caribe
volviera a reclamarlas. 

Todos acuden a refugiarse
en los portales como si los
paraguas no existieran, las
plazas permanecen desiertas,
y frente a un café humeante,
durante veinte minutos
la vida en Cartagena cesa. 


La Ruta BBVA 2015 se refugia del aguacero.
Cartagena de Indias, Colombia.
Foto de Ángel Colina

domingo, 3 de enero de 2016

EL TRAZO

A veces me concibo
como un nítido trazo
sobre un folio poroso
y blanco, como la unión
de incontables puntos
azules que en conjunto,
forman la proyección
sintética de mi vida. 

A veces me creo
el mensaje que oculto,
el superfluo concepto
en el que me pierdo,
en el que me abandono,
para ser sobre este papel,
apenas una voz inánime. 

A veces me pregunto,
y entonces acudo inconsciente
a mis recuerdos y entiendo,
que aquí pervive el mundo
de los maternales afectos,
la luz, el olor, el fruto
de mis primeros besos,
aquellos que ofrecí
cuando todo era nuevo,
y bueno, y yo aún era
el que soy, y no el que
me han hecho. 

A veces pienso que tan solo
soy un trazo, otras,
que en el verso me conservo.




Peñalara (Segovia), diciembre 2015.

jueves, 8 de octubre de 2015

Poemas para Gadea [IV]

Arráncate, vete,
aunque lo niegue,
puedo vivir sin ti.

Tan solo mi piel mis ropa habita,
como tan solo yo siento esta huida,
como tan solo mía es esta herida.

Por ello calla, calla y márchate,
déjame deleitarme en mi agonía,
ser un consecuente suicida.

Arráncate, vete,
aunque lo niegues,
yo elegí esta vida.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Poemas para Gadea [III]

Las nubes se han difuminado en el cielo,
celeste, como el de tus ojos pigmento,
y dorado, a lo sumo un rayo,
el sol infiltrado en tu globo derecho.

Entrechocan las hojas de palma,
como chocan las olas contra la arena,
susurro musical, sustituye la dulcísima
entonación de tu voz
al decirme te quiero.

Esta salina atmósfera que inhalo,
olvidando así tu aliento,
más el del viento aroma
con el tuyo se me antoja
mezclado, impregna
la almohada en que te sueño;
igual que sueña Cádiz con América,
sueño yo con tu encuentro.

Esta mañana extraño tu cuerpo.

La Jara, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Poemas para Gadea [II]

De tu mente reducto privado,
para todos cuarto blindado,
es tu intimidad, aspecto subterráneo,
manantial de lágrimas negadas,
hoguera de amores (casi) olvidados.

Allí, donde habita la niña,
que en su cuna aún no ha despertado,
donde la primitiva inseguridad
tras tus vocablos no se ha ocultado,
donde permanecen tus miedos
semiatados, e inmensa eres de un vistazo
abarcable, sin haber sido invitado
yo me hallo.

Yo, que fui abriendo cada madrugada
el libro formado por tus piernas,
que tan solo mediante la palabra
hice de mi boca tu reclamo,
hojeo el conjunto de tus recuerdos,
lo sostengo entre las manos,
e imagino que no me ha borrado el tiempo,
que permanezco en tu íntimo habitáculo.

Pero ya chirría el pomo incuestionable;
entra, o mi carcelero o mi verdugo,
entra, ¿serás tú?